Partimos del hecho de que si dormimos 8 horas tenemos 16 horas que podemos usar. Primero debemos cuadrar las obligaciones y responsabilidades que no son flexibles (como el horario de trabajo o de estudio), y lo que queda son las horas “libres” que no están determinadas y que podemos planear para cumplir nuestro logros.

Un punto importante es entender algo fundamental de nuestra psicología humana: normalmente no somos específicos con lo que queremos lograr en un día para no fallar. Por ejemplo si nuestra meta es haber terminado un libro a cierta hora y no lo logramos es evidente que fallamos, pero si decidimos solo “adelantar” cuando tengamos tiempo, de pronto no vamos a terminar de leer todo el libro pero no vamos a incumplir la tarea planteada. 

Escribir lo que debemos lograr en un día y no cumplirlo puede hacernos sentir mal, pero podemos aprender de esas fallas. Debemos dejar el ego y entender que hay muchas áreas en las que debemos mejorar. 

El plan no debe ser demasiado difícil porque eso va a dañar nuestra motivación. Es importante resaltar que muchas veces el plan no se va a cumplir al pie de la letra, incluso van a haber días dónde no logremos ni la mitad de lo que queríamos. Esto no es un problema, el problema es dejar de planear, porque mientras que planeemos podemos ir progresando poco a poco y además vamos a tener una forma de medir ese progreso.